
A juzgar por lo que se lee en estos capítulos, estoy tentado a responder de manera negativa a esta pregunta, porque en dichos pasajes no tienen la intención de resaltar las prácticas violentas, antes bien se puede apreciar en este estilo de narración una suerte de confesión, con la que el autor deja escritas sus vivencias; sin calificar el comportamiento de los otros, se limita a describir lo que está viviendo. Es muy interesante que incluso la muerte de tres sujetos, entre ellos un veedor, haya carecido de adjetivaciones: el autor no dice si tal acontecimiento es bueno, si es malo, si fue benéfico o no; sencillamente, lo describió y se limitó a registrarlo, muy a pesar de que, para un español cristiano de aquellos tiempos, la muerte de una persona con cargos era cosa de no poca monta).
Incluso cuando habla del aspecto de los habitantes de aquellas tierras se limita a describirlos, sin tomar postura al respecto: “traían los cabellos sueltos y muy largos, y cubiertos con mantas de martas, de la suerte de las que atrás habíamos tomado” (Cabeza de Vaca, 1984, pág. 39). Otra cosa hubiera sido que tomara postura, por ejemplo si escribiera algo como “traían los cabellos sueltos y muy largos, cosa que es propia de gente bárbara” o algo similar; pero no fue así; en este caso se limita a describir sin tomar partido.
Ahora bien, en el sentido del problema que nos ocupa, vienen a mi mente otras descripciones que sí evidencian tendencias notables, como las de Valle-Arizpe, en las que se leen cosas como “Este amplísimo solar fue mercedado al bronco Gil Gonzáles de Benavides […] y daba frente a las recias estribaciones que miraban hacia el norte del Tempo Mayor de los aztecas, dedicado a su horrendo Huitzilopochtli” (1995, pág. 25), las cuales van más allá del solo hecho de brindar información, sino que toman postura respecto a lo que se describe. No encontramos en Cabeza de Vaca muestras equiparables a las del cronista coahuilense antes citado, por lo menos no en los capítulos revisados, aunque, posiblemente, encontremos algo de eso en otros capítulos, porque, al final, es difícil que un individuo no especializado en descripción etnográfica cuele de vez en vez sus propias consideraciones.
Ángel Valdez Martínez, Etnología
Ciudad de México, 2020
Bibliografía
De Valle-Arizpe, A. (1995). La casa de los Ávilas. En Soto Mayor, Don Artemio (pp. 23-31). Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México.
Núñez Cabeza de Vaca, Á. (1984). Naufragios. Ciudad de México: Editorial Origen.