La tradición del Día de Muertos te permite conocer a tus antepasados

Por lo menos en México, es costumbre alzar, en el interior de la casa, un altarcito, también llamado ofrenda precisamente porque se ofrecen a los muertos las viandas que en vida degustaban, además de otros enceres de presunto origen prehispánico (como sal, agua, flores de cempasúchil —del náhuatl cempoalli [veinte] y xochitl [flor]—), a los cuales se les atribuye la propiedad de guiar la visita de los muertos al mundo de los vivos. 

No pienso detenerme en estos elementos rituales, pues hay numerosos estudios mucho más profundos que toda especulación que yo pueda hacer al respecto. Lo que me interesa destacar es que esta tradición en particular permite a los vivos conocer un poco acerca de la vida de sus antepasados, a través de uno de los elementos más significativos de la existencia: la comida y las golosinas que nos gustan. Esto es significativo porque el tipo de alimentos y confites que conformen el altar nos remite, por un lado, a cuestiones socioeconómicas y hasta estéticas de la época, y por otro nos puede abrir una ventana a aspectos que, de cotidiano, se consideran irrelevantes, pero que, en realidad, nos revelan un aspecto único de la vida de nuestros ancestros. 

Yo no hubiera imaginado que a mi abuela materna le gustaran los Cheetos y la Pepsi; me enteré un Día de Muertos, al preparar la ofrenda. De ella sabía muchas otras cosas, las más memorables: formación, campos de acción y de influencia, tipo de saberes y dichos que conservaba, etcétera. Pero no me imaginaba ese otro aspecto tan humano de su existencia, a pesar de ser tan revelador, tanto de la integración de Tlalpujahuilla, Michoacán, por allá de los 1960, al proyecto globalizante de la segunda mitad del XX, como de la formación del gusto de mi abue. Y lo mismo ha ocurrido con todo aquel que pregunta a sus padres o parientes qué cosa le gustaba a los ya difuntos; la reacción es más o menos la misma: “¿¡a poco le gustaba tal o cual cosa!?”. Si no me cree, vaya y pregunte qué pondrán en la ofrenda este año, vaya y conozca un poco más de los que ya no están entre nosotros, vaya y sorpréndase. 

Ángel Valdez Martínez
Atlacomulco, Estado de México, 2020

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