La antropología se convierte en ciencia I

Comentario a Krotz, E., “La antropología se convierte en ciencia: el estudio de los primitivos”, en La otredad cultural entre la utopía y la ciencia. Un estudio sobre el origen, el desarrollo y la reorientación de la Antropología, México, FCE/UAM, 2004, pp. 217-265

A)     Resumen de la problemática

A través de múltiples ejemplos, el autor nos muestra el recorrido, nada simple, que la Antropología ha tenido que hacer a través de distintas épocas y múltiples geografías, para volverse una disciplina netamente científica, con un objeto y una metodología bien definidos.

Gran parte del texto deja entrever la importancia de la constancia individual y del trabajo colaborativo en la fundación de las primeras sociedades antropológicas así como de la instauración de cuerpos de especialistas (provenientes de disciplinas muy diversas) en la estipulación de conceptos, criterios de evaluación y terminología especializada que posibilitaran el intercambio de opiniones a un nivel más allá de la simple especulación, en ámbitos locales, nacionales e internacionales.

Otros apuntes del autor nos permiten ver que, dado el contexto en el que se gestó la antropología (modelo burgués, al servicio de intereses estatales, la nueva forma de estudiar al ser humano derivó en una nueva visión del mismo, plagada de prejuicios políticos y raciales, y en una nueva concepción de lo «distinto a uno mismo», del otro. Hay que resaltar que el método comparativo se volvió clave en este abordaje de la otredad. Ahora bien, las comparaciones no se hacían únicamente entre grupos humanos concretos, sino aún entre «lo humano» y «lo natural».

Estos nuevos abordajes del homo sapiens y de sus creaciones trajeron a la mesa nuevas discusiones en torno a la noción de cultura, pero lo más importante es que se sentaron las bases para entender la humanidad «como una sola cosa y como algo subdividido» (Krotz, 2004, p. 252). Así, pues, la pregunta antropológica acerca de la igualdad y la diversidad quedaba planteada desde entonces.

B)     Conceptos clave:

Triple raíz de la pregunta antropológica: Noción utilizada por el autor para referirse a tres factores fundamentales no tanto para la formulación de la pregunta antropológica sino, más bien, para la instauración de la Antropología como ciencia en el siglo antepasado. Esta raíz la conforman: 1. La existencia de letrados, es decir individuos con la autoridad o credibilidad académica suficiente, interesados en temas antropológicos; 2. Redes de comunicación útiles para dar difusión a los resultados de las pesquisas que se llevaban a cabo alrededor de todo el mundo; 3. El surgimiento de asociaciones enteramente dedicadas al estudio de nuestra especie, así como a la revisión de materiales etnográficos, de manera que se pudiera dar una discusión orientada.

Pregunta antropológica: Pregunta por encontrar la diversidad en la igualdad y por las manifestaciones de lo que nos es común como especie (Krotz, 2004, pág. 239). Con la antropología científica “La igualdad y la diversidad se relacionaron de una nueva forma y con la inclusión de todos los tipos de otredad que hubieran existido y que todavía existían en la época” (Krotz, 2004, pág. 264).

Otredad: Realidad humana que descubrieron los europeos al entrar en contacto con esquemas culturales distintos al suyo. Estos los encontró no solo al exterior, en las provincias más lejanas, sino incluso en el interior o en los márgenes de su propia cultura.

C)     Reflexión personal

Aunque el texto hace referencia, principalmente, al siglo XIX, no me fue posible dejar de vincular ciertos temas con nuestro tiempo, no tanto porque seamos herederos de esa misma tradición, sino porque me recordaban situaciones que aún se pueden observar en la actualidad. Por ejemplo, nosotros, igual que la sociedad decimonónica, nos enfrentamos a un “nuevo” mundo inmensamente diverso y nos damos cuenta de que la pregunta antropológica tiene que ajustarse a los tiempos contemporáneos, pues, hoy más que nunca, nos cuestionamos no solo por la identidad de otros grupos surgidos en la periferia o el interior de nuestro aparato cultural, sino, incluso, por la de nosotros mismos como individuos y sociedad. El repaso que hace el autor y las situaciones que expone nos pueden servir como recordatorio de que Roma no se hizo en un día y de que el trabajo antropológico ha de estar siempre en constante renovación, atendiendo las situaciones propias de su época, aunque su estudio no se haya oficializado todavía.

Ángel Valdez Martínez
Ciudad de México, 2020

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