Reflexión en torno a la asignatura «La Antropología y sus formas de conocimiento«
Basado en algunas problemáticas clásicas en torno a la cientificidad de las Ciencias Sociales, al comenzar el curso expresé mi preocupación acerca de que quienes se dedican a elaborar conocimiento antropológico pudieran tomar con demasiada ligereza el hecho de que somos sujetos conociendo a otros sujetos. Me parecía un problema porque, efectivamente, los principios de la epistemología suponen que el conocimiento solo puede darse como resultado de la relación entre un sujeto y un objeto, lo que, según pensaba en aquel momento, implicaba o despojar de su cualidad de sujeto a nuestros informantes (al procurar «objetivarlos»), que sería tanto como querer estudiar un animal con sus restos disecados, o bien admitir que la Antropología (y con ella otras ciencias sociales) no alcanzaba el grado de ciencia en sentido estricto.
Con esta dificultad en mente, que no me parecía un mero juego de palabras, a lo largo de las sesiones pude comprender que la vida del sujeto se objetiva en las creaciones humanas, creaciones que, por lo demás, no se limitan a las expresiones materiales, sino que incluyen ciertas formas de interacción social y modos de pensar el mundo.
Quien hace antropología no estudia sujetos; más bien estudia lo que los sujetos hacen, es decir su “cultura material” y su “cultura intelectual”.
La vida del sujeto se objetiva en las creaciones humanas
Y así parecía estar resuelto el asunto: el antropólogo no estudia sujetos, más bien estudia lo que los sujetos hacen, es decir su “cultura material” y lo que puede denominarse “cultura intelectual”. Sin embargo, una postura semejante nos llevaría a sugerir que el conocimiento antropológico consistiría únicamente en la identificación y catalogación de tantas “expresiones culturales” como fuese posible, es decir la identificación de los elementos de una cultura.
Pero…, ¿qué pasaría una vez completada la lista? ¿Para qué nos servirían todos esos elementos? ¿A eso se reducía la ciencia antropológica?
Durante el curso se tocó la noción de sistema en términos del pensamiento complejo, pues con ella se comprende que los elementos de determinado sistema solo cobran sentido, coherencia, cuando se entienden las relaciones que los hacen posibles y las relaciones que establecen entre ellos. Y, lo que es más, actualmente considero que cualquiera de los elementos culturales presentes en un grupo puede servir como eje para el desarrollo de análisis más bien científicos, contrastables con la realidad empírica, pues se trata de expresiones objetivas de la vida de un sujeto o grupo social.
El conocimiento antropológico solo puede ser llamado tal si se estudia no a otros sujetos (pues no somos psicólogos), sino los elementos objetivos de la cultura
De ahí la importancia de la objetivación del sujeto y sus relaciones
Así, por ejemplo, la chiva —aunque podría ser la presencia de cualquier otro elemento, como el alcohol comercial, el Estado, los antropólogos o de algún sujeto concreto, como Romayne Wheeler— es un elemento actualmente presente en la cultura rarámuri. En sentido sincrónico, uno puede dar cuenta de las actividades y expresiones culturales que hay actualmente en torno a la chiva, que van desde una dinámica de pastoreo a los 8 años, hasta la celebración de alguna fiesta cuando se es mayor, y de esa manera identificar cómo se desenvuelven las relaciones socioambientales de los rarámuri y los otros objetos de su cultura en torno a este animalito. En sentido diacrónico, podemos pensar en las transformaciones que el modo de vida rarámuri ha tenido a lo largo de su historia, antes y después de la introducción de este elemento.
Concluyo diciendo que, luego del curso, me parece sensato considerar que el conocimiento antropológico solo puede ser llamado tal si se estudia no a otros sujetos (pues no somos psicólogos), sino los elementos objetivos de la cultura, pues a través de ellos podemos captar las relaciones (socio-culturales) de X sistema cultural.
Ahora bien, centrarse en los objetos no implica menospreciar al sujeto; al contrario, se trata de tenerlo en alta consideración, pues el sujeto es portador y creador de la cultura, a través de él se expresa, se objetiva. Esta reflexión podría tomarse como una invitación a quienes hacen estudios antropológicos para desarrollar e idear métodos y técnicas que permitan dar cuenta, por un lado, de los elementos de un sistema cultural, y, por otro, de las relaciones que se establecen entre sus elementos. Solo en el plano de los métodos y técnicas de investigación podremos zanjar esta dificultad; solo en la medida que refinemos y explicitemos nuestras formas de identificación y registro de elementos culturales podremos hablar de la Antropología en términos científicos.