“Positivismo y Evolucionismo”, de Héctor Díaz Polanco, disponible en El nacimiento de la Antropología. Positivismo y Evolucionismo, México: Ed. Orfila Valentini (2016), pp. 115-166 | Parte II/III

Identificación de los conceptos clave y su definición 

Continúo con la división por capítulos, pues aunque están interrelacionados, cada uno aporta distintos conceptos. 

“Introducción. Trayectoria y papel del positivismo” 

Positivismo: es presentado por Díaz Polanco, a partir de su lectura de Saint-Simon y Comte (particularmente de este último) como la etapa más avanzada y definitiva del desarrollo mental de la humanidad (p. 115); por lo mismo, solo el conocimiento positivo podría asegurar la estabilidad de la sociedad humana. Como se verá, eso derivó en álgidas discusiones respecto al “estadio” en el que se encontraban las sociedades no europeas y el papel que “debería” jugar el viejo continente en su desarrollo. 

Fracaso del positivismo: noción que señala el hecho de que la corriente positivista no alcanzó los resultados prácticos y globales concebidos por Comte y sus discípulos. Díaz Polanco reinterpreta ente “fracaso”, y señala que, pese a todo, es indudable la influencia que ejerció el positivismo en las escuelas filosóficas y científicas del xix, influencia que el autor llega a equiparar con el marxismo. La reinterpretación que hace Díaz Polanco deja ver que dicho “fracaso” “es una función de las excesivas expectativas de los propios positivistas” (p. 121) y, por su parte, asevera que “puede llegarse a la conclusión, en cambio, de que el positivismo cumplió ampliamente sus propósitos políticos e ideológicos” (p. 121). Esto es particularmente cierto si se considera que, durante las primeras décadas del siglo xx, el positivismo ejerció un influjo decisivo en el desarrollo de las ciencias sociales (recordemos que se suele presentar a Comte como el padre de estas ciencias), particularmente en la sociología y la antropología. 

Estabilidad propugnada por el positivismo maduro: implica 1. Sistema jerárquico, con distinción de clases; 2. Una doctrina que predica la sumisión de los trabajadores por “cuestión de necesidad y razón de orden público”, y 3. Un enfoque que prescinda de la lucha social1, por ser una acción “negativa” y/o “anárquica”. 

Influencia del positivismo comtiano, según Marcuse: Díaz Polanco recoge una cita del pensador alemán muy reveladora en lo que se refiere al impacto de la filosofía positiva en las ciencias sociales: “a partir del positivismo comtiano «la sociología ha seguido los esquemas de las ciencias naturales. Ha sido considerada como ciencia, precisamente[,] en la medida en que su objeto pudiese recibir el mismo trato neutral que el objeto de la ciencia». 

Los fundamentos positivistas en Saint-Simon 

C.-H. de R., conde de Saint-Simon: Más allá del aspecto biográfico, quiero rescatar que, de acuerdo con Díaz Polanco, este personaje puede caracterizarse “como un punto de partida esencial del socialismo «utópico» […] o como la primera plataforma más o menos conformada de la concepción positivista” (pág. 123). Esto se debe, como señala el autor, a que los intentos del mentor de Comte buscaban proporcionar “una solución global que lo mismo responda a los intereses de los «industriales» que a los de los trabajadores”, que permita la convivencia armónica y pacífica de la sociedad (pág. 124).  

Sectores que representan el pasado: Uno de los dos grandes conjuntos de población identificados por Saint-Simon; refiere a los individuos que viven a expensas de las naciones. Los identifica con zánganos o sanguijuelas. Su pérdida no supondría más que una leve aflicción para el resto de la población. 

Sectores que representan el trabajo productivo y útil para la nación: individuos que engrandecen la “civilización” y fomentan su prosperidad mediante sus creaciones científico-literario-artísticas. Incluye a todos los trabajadores, en general. Los identifica con abejas laboriosas. Resultan fundamentales dentro del esquema de Saint-Simon: “la nación se volvería un cuerpo sin alma en el momento en que los perdiera”; en ese tenor se sigue que la prosperidad de las naciones no es posible sin el desarrollo de las ciencias, las artes y los oficios2

Hecho más importante de la política: Según la lectura que Díaz Polanco hace de Saint-Simon, este hecho es “que la organización social está poco perfeccionada, que los hombres se dejan explotar por la violencia y por la astucia y que la especie humana [políticamente hablando] está todavía sumergida en la inmoralidad”. Esta idea choca con la perspectiva de Comte, quien, como veremos en su momento, pensaba que ya vivía en “lo más perfecto”. De la interpretación de la cita de arriba se puede seguir que: 1. La sociedad, tal como la ve Saint-Simon, aún puede alcanzar estadios superiores; 2. Es fundamental dejar de lado la violencia y apelar a la ciencia positiva, y 3. Que la inmoralidad humana debe estar ausente, si verdaderamente se quiere hablar de que hemos “progresado”. 

La más urgente tarea de la filosofía: Así las cosas, ésta consistiría en “buscar la forma de enderezar ese mundo invertido y procurar el remedio a la grave y peligrosa enfermedad que padecía la sociedad” (pág. 128). 

Épocas críticas: tiempo caracterizado por la falta de certezas; la sociedad se caracteriza por las crisis de sentido y la desorganización. Saint-Simon admitía que sus tiempos eran de este tipo. ¿No estamos nosotros en una situación similar? 

Épocas orgánicas: caracterizadas porque en ellas la sociedad se funda “en un sistema adecuado de creencias”, entendido este como un modelo donde las creencias de los individuos vayan de la mano con los avances de las ciencias positivas; de otra manera, se viviría algo como un desfase entre hechos y creencias. 

Análisis histórico y antropología: la historia es una herramienta que, según la perspectiva sansimoniana, sirve para desvelar las leyes o tendencias que han operado a lo largo del devenir de las sociedades; señala factores e indica cómo “deben” ser los sistemas futuros. Así, pues, el análisis de las fases de la historia sirve para entender la situación actual y para anunciar “la nueva organización social”. Es significativo señalar que el análisis histórico de Saint-Simon no va más allá del Medievo, sin considerar las primeras fases europeas de desarrollo; evidentemente, tampoco incluía en sus elucubraciones a sociedades “primitivas” o “salvajes” contemporáneas suyas, a pesar de los efectos perniciosos que, a la postre, los postulados positivistas habían de tener sobre ellas. De acuerdo con Díaz Polanco, es la Antropología que se gestó en la segunda mitad del xix la que se encargó de hacer la extensión necesaria “llevando el estudio hasta fases más tempranas de la historia humana y penetrando en el mundo de las sociedades «primitivas»”. De este modo, los antropólogos decimonónicos y sus avances contribuyeron a “demostrar” que el proceso señalado por Saint-Simon tiene lugar “desde los primeros escalones de la historia” (pág. 130). En ese sentido es acertado decir que el pensamiento sansimoniano tuvo una importancia sin precedentes en la formulación de las elaboraciones antropológicas del xix y el xx. 

Explicación insuficiente y circular: con estas palabras, Díaz Polanco define los intentos de caracterizar a las sociedades arcaicas primitivas, puesto que “en buena medida[,] los «datos» disponibles para las nuevas interpretaciones [que tuvieron lugar en el xix] fueron generados, sistematizados y/o revalorizados por los propios antropólogos interesados en presentar sus esquemas evolutivos” (pág. 133). 

El problema del encuentro cultural ultramarino en Saint-Simon: Mediante la comparación de su postura y la de Condorcet, Díaz Polanco expone el punto de vista del mentor de Comte ante el compromiso europeo en Ultramar (pág. 134): si bien es cierto que Saint-Simon estaba convencido de que todos los pueblos humanos tenían que elevarse a un estadio mental y social superior, el autor que nos ocupa tenía menos fe en el progreso, debido a la situación que atravesaba su propia sociedad. En ese tenor, Saint-Simon estaba convencido de que una sociedad con problemas como los que afrontaba la suya “no era lo que podía llamarse un modelo para ser difundido hacia ultramar y en especial, hacia los pueblos «atrasados»” (pág. 135). Díaz Polanco interpreta esto como un signo de anticolonialismo y a favor de la descolonización; sin embargo, reconoce en la filosofía de Saint-Simon una pequeña brecha que, posteriormente, podría justificar cierta forma de colonialismo. 

La concepción evolucionista en August Comte 

Principal objetivo comtiano: estructurar un andamiaje filosófico-científico-social que pueda brindar orden y coherencia intelectual a la vida del ser humano. Este andamio, que transmuta la política y la historia en ciencias positivas, ofrece, pues, la posibilidad de unificar el conocimiento presente, al mismo tiempo que explica el pasado y lo integra mediante diversas y graduales fases de desarrollo. 

Tres condiciones comtianas: De acuerdo con Díaz Polanco, Comte indica que para la constitución de un sistema como el que él propone son necesarias tres condiciones. A continuación se exponen someramente: 

  1. Es indispensable el desarrollo de las ciencias que explican fenómenos progresivamente complejos (que vayan de la física a la biología), pues de esa manera se prepara el terreno para elaborar explicaciones sobre fenómenos mucho más complejos, a saber, los sociales. Comte estaba convencido de que ya se había alcanzado un grado complicación en las explicaciones, tal que permitía el advenimiento del nuevo sistema. 
  1. Asimismo, la sociedad debe estar madura, es decir, debe haber agotado lo que Comte denomina “sistema social preparatorio” o teológico (precisamente porque prepara para un estadio más elevado, es decir, el sistema científico). 
  1. Comte consideraba que era necesario un enfoque totalizador, capaz de armonizar las ideas sociales y de coordinar todo el conocimiento de la humanidad, tanto el del tiempo presente así como el del pasado. Es este requisito lo que, según Díaz Polanco, llevó a Comte a sus concepciones evolucionistas, que atañen a las ideas, los conocimientos, los sistemas políticos y la historia. La intención de Comte es probar, mediante el análisis del pasado, que las sociedades humanas han seguido un despliegue tal, que las condiciones actuales no son sino el resultado necesario de leyes de sucesión descubiertas por la nueva filosofía positiva. 

Ley fundamental del desarrollo continuo: Ley que representa “la evolución actual […] como el resultado necesario de la sucesión gradual de las transformaciones anteriores” (Comte, citado en Díaz Polanco, pág. 143). 

Perspectiva evolucionista de Comte: Díaz Polanco recupera una importante de Comte en torno a su concepción del espíritu positivo (evolutivo): 

El espíritu positivo, en virtud de su naturaleza eminentemente relativa, es el único que puede considerar convenientemente todas las grandes épocas históricas como fases determinadas de una misma revolución fundamental, en la que cada una resul­ta de la precedente y prepara la siguiente según leyes invaria­bles que fijan su participación especial en el común progreso, de tal manera que sea posible siempre, sin inconsecuencia ni parcialidad, hacer una exacta justicia filosófica a todas las coo­peraciones, cualesquiera que sean. Pues hoy se puede asegurar que la doctrina que haya explicado suficientemente el pasado en su conjunto obtendrá, inevitablemente, mediante esta sola prueba, la presidencia mental del futuro. (Comte, La filosofía positiva, p. 113, citado en Díaz Polanco, pág. 146) 

Elementos centrales de una concepción evolucionista en el marco de la filosofía positiva: de acuerdo con Díaz Polanco, los elementos evolucionistas presentes en la filosofía de Comte se pueden sintetizar en cinco grandes puntos. Veamos:  

  1. El positivismo adopta como perspectiva analítica un enfoque “histórico”. Esto le permite concebir cada momento de la historia como parte de una evolución fundamental, a la vez que resalta la determinación de sus diversas fases. 
  1. Dichas fases no se presentan de manera desordenada ni desligada, sino sucesiva y relativamente; siguen un orden riguroso de gradación: cada una resulta de la anterior y prepara el terreno para la siguiente. 
  1. Esas mismas fases están sujetas a leyes invariables, por lo que el ideal del positivismo es la comprensión de todos los fenómenos sociales bajo una gran ley que sea a la sociología lo que la ley de gravedad para la física. Las leyes que interesan (y esto es de destacar) se refieren a las “relaciones invariables de «sucesión y similitud». 
  1. Las fases representan mejoramiento continuo según se asciende gradualmente. Este desenvolvimiento representa, según la lectura de Díaz Polanco, la manifestación necesaria del progreso. 
  1. La reorganización positiva de la sociedad según un proceso evolutivo no es más que la realización histórica de la ley o la razón del progreso. 

Esquema evolutivo comtiano (tomado de Díaz Polanco, pág. 153): 

Estadios Filosofía Método Fase histórica 
Teológico Provisional Ficticio Militar 
Metafísico Transitoria Abstracto Transitoria 
Positivo Definitiva Científico Industrial 

Evolución original: Noción elaborada por Comte para hacer frente a la interrogante de, si se supone que existe una ley interna, por qué no todos los grupos humanos habían alcanzado el mismo grado que el europeo. Para sortear esta dificultad, Comte señala en el “Catecismo…” que las fases indicadas por él atienden únicamente a la evolución original que tuvo lugar en Europa occidental. “Otras sociedades habrían seguido un ritmo de evolución diferente al «original» […] podían permanecer en ciertas etapas, sin seguir el ritmo o la cadencia de las sociedades occidentales” (pág. 158). 

Papel civilizador de occidente: De acuerdo con Díaz Polanco, para Comte, las sociedades europeas podían brindar asistencia o ayuda a las sociedades que aún no hubieran alcanzado el grado positivo (en este punto se muestra contrario a Saint-Simon, dado que Comte sí considera que la sociedad en la que vive es el pináculo de la humanidad). Sin embargo, Comte se muestra en contra de medios violentos y métodos coloniales. “En su opinión, los pueblos atrasados podían ser atraídos pacíficamente a través de un proselitismo” de tipo espiritual (es muy posible que por eso la filosofía de Comte haya devenido en cierta forma de religión, de la cual él era sumo sacerdote); asimismo, podrían evitar ciertos errores o etapas atravesadas por las sociedades positivas. 

Ángel Valdez Martínez
Ciudad de México, 2020

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