De caza y recolección en la Colonia Roma Norte (CDMX): ¿es posible encontrar en las ciudades contemporáneas estrategias de adquisición de recursos propias de los grupos cazadores-recolectores? | Ángel Valdez Martínez

Comenzó [en Atenas] la lucha entre ricos y pobres. Pero no era una lucha sin esperanza para el pobre. Al fin y al cabo había mucho dinero en la calle; solo se necesitaba agudeza para atraparlo.

René Kraus, La vida privada y pública de Sócrates
Tema: La obtención de recursos entre personas en situación de mendicidad, vendedores ambulantes, artistas callejeros y prestadores de servicios en la colonia Roma Norte de la Alcaldía Cuauhtémoc, en la Ciudad de México.

Problema/Pregunta:

Si uno deambula cualquier día de la semana por las calles de la colonia Roma Norte, notará que coexisten un sinfín de viviendas y negocios privados en los que se mueven grandes cantidades de recursos (humanos, monetarios y materiales), y un número casi igual de personas que aprovechan este flujo de recursos, pero que no lo modifican directamente, sino que emplean diversas estrategias mentales para extraer algunos de los recursos que ahí se mueven. En otras palabras: uno verá colonos, locatarios y clientes siendo asechados por personas en situación de calle, vendedores ambulantes, artistas callejeros (casi siempre músicos o cantantes), boleadores de calzado e incluso un peculiar personaje que ofrece lecciones de espiritismo hasta la comodidad de la mesa de los incautos comensales.

Asimismo, uno ve que las calles, los parques y en general cualquier elemento de la infraestructura pública que se presente como aprovechable es empleado, en la medida de lo posible, en la consecución de dinero, alimento y bebida, de alojamiento y protección, e incluso en la búsqueda de compañía o como espacio de convivencia social.

Vemos, pues, que donde hay un flujo de recursos constante y/o cíclico, encontramos también personas que, sin participar directamente de dicho flujo, lo aprovechan y lo convierten en su modo de subsistencia.

Sin embargo, si se observa con detalle, veremos que no son ni todas las esquinas, ni todas las avenidas, ni todos los establecimientos, ni todas las infraestructuras, las que resultan predilectas, sino solo aquellas cuya efectividad se conoce por la experiencia constante y el reconocimiento de que en ciertas calles hay más recursos disponibles que en otras.

Un modo de subsistencia de este tipo, es decir, que aprovecha un flujo de recursos del que no participa directamente y que se reconoce por cierta forma de movilidad y desplazamiento constante y cíclica, coincide con las caracterizaciones teóricas que suelen hacerse de los modos de vida cazadores-recolectores (Arce Ruiz, 2005).

Surge entonces la pregunta, ¿es posible que este modo de vida, tan característico de espacios como la colonia Roma Norte, reproduzca patrones de los modos de vida de los grupos cazadores-recolectores? Es decir, ¿podemos encontrar estrategias de cazadores-recolectores en las ciudades contemporáneas?

  •  Al hablar de “cacería” no nos referimos precisamente al acto de dar muerte a un animal para consumir su carne, sino a la lógica que subyace a esta estrategia mental: antes del “disparo” (en sentido literal o figurado), suele existir un sondeo del terreno y un reconocimiento de este, así como se suele tener cierto conocimiento de las costumbres de la presa y del coto de caza en general. En ese sentido, podemos estar de acuerdo con R. Valdés (1977), quien sostiene que lo que define a un grupo como cazador-recolector no es la dieta, sino el tipo de actividad que se realiza. 

Hipótesis:

Es posible que el modo de vida basado en la mendicidad, la venta ambulante, los espectáculos callejeros y la oferta de servicios (tan variados como el boleado de zapatos o la limpia de parabrisas) reproduzca patrones de los modos de vida propios de grupos cazadores-recolectores. Mediante el análisis etnográfico de la manera en la que estas personas aprovechan los recursos (humanos, monetarios y materiales) disponibles en su entorno es posible identificar estrategias de cazadores-recolectores en las ciudades contemporáneas.

Metodología:

Por un lado, me propongo describir a grandes rasgos la caracterización de Arce Ruiz (2005), basada en Valdés (1977), misma que hace énfasis en el hecho de que tal o cual modo de vida es cazador-recolector no por la dieta en sí, sino por el tipo de actuación (o no actuación) que ejercen los sujetos, es decir, por el tipo de estrategia mental que se emplea en la obtención de recursos (Arce Ruiz, 2005).

Por otro, mediante un registro etnográfico realizado en las inmediaciones de la colonia Roma Norte y el uso de la herramienta Open Data Kit Collector se genera constantemente una base de datos que compila, entre otras cosas[2], a) el tipo de recurso que buscan obtener las personas observadas (¿recurso humano, monetario, material? ¿Comida, bebida, alojamiento, compañía?) y b) el tipo de actividad realizada para conseguir tales recursos: mendicidad, venta ambulante, entretenimiento callejero, oferta de servicios y/u otra(s).

Finalmente, con esa información se podrá elaborar un mapa interactivo que muestre al usuario la manera en la que se superponen e interactúan el espacio urbano (infraestructura pública, negocios particulares, calles, casas, transeúntes) y las prácticas de obtención de recursos en la colonia Roma Norte, de manera que contemos con evidencia visual que respalde la hipótesis de que en la ciudad de México (y quizá en otras ciudad del mundo) encontramos un modo de vida que reproduce prácticas de grupos cazadores-recolectores.

Aproximación etnográfica a los métodos y técnicas empleados en la obtención de recursos en la colonia Roma Norte

En la zona centro de la Ciudad de México, en la alcandía Cuauhtémoc, se encuentra una colonia centenaria cuyo paisaje se caracteriza por sendos edificios de principios y mediados del siglo pasado, y elevadas construcciones relativamente recientes; en ellos se desarrollan diversos tipos de actividades: de gestión pública, educativas, artísticas, recreativas y culinarias. Es una colonia actualmente conocida más bien por su amplia oferta de bares, restaurantes, cafés, hoteles, tiendas (tipo boutique) y cetros culturales, así como por su infraestructura urbana (parques, fuentes, áreas públicas, mercados de pulgas, edificios históricos) aunque, además, tiene una interesante historia muchas veces ignorada por las mismas personas que la habitan[3] y/o la frecuentan.

Para ahorrarle al lector una descripción que pudiera resultar baladí, por fines de extensión me abstengo de incurrir en más detalles de la colonia, para, más bien, enfocarme, precisamente, en decir alguna cosa de las personas que aquí pasan sus días. Por ahora baste decir que en ella hay muchos negocios y buena infraestructura urbana[4], así como una amplia movilidad de personas de diferentes lugares del país y del mundo, lo que, para los fines de este trabajo, puede traducirse como que en ella hay una alta cantidad de recursos disponibles.

Cualquier día entre semana, entre las 2 y las 4:30 de la mañana, las avenidas principales de esta colonia se encuentran casi desiertas y en calma, pero bien iluminadas (en su mayoría). Esta quietud solo se rompe en espacios como el hospital privado “Álvaro Obregón”, el Jardín Pushkin o las jardineras de la Avenida Álvaro Obregón[5], donde un grupo de personas, una pareja o algún sujeto solitario pasa la noche en un estado de cuasi vigilia, contemplando la calma de la noche o compartiendo risas si la ocasión lo permite. Conforme avanzan las horas comienzan a aparecer los primeros transeúntes y los primeros automóviles, tan paulatinamente que, sin que nadie lo sospeche, para las 5:30 de la mañana ya ha tomado el ritmo propio de una ciudad: por las avenidas Insurgentes Norte, Cuauhtémoc, Chapultepec y Álvaro Obregón, van y vienen, a pie o en coches particulares, personas que, a claras vistas, se dirigen a su lugar de trabajo, recién apeados, a toda prisa para evitar el tráfico o para hacer uso de cualquiera de los medios de transporte público disponibles en la zona (metro Cuauhtémoc o Insurgentes; Ecobici; metrobús Jardín Pushkin o Cuauhtémoc).

Alrededor de esas mismas horas (5:30 a. m.) las personas que permanecieron despiertas o dormitando en los parques o las jardineras suelen entregarse a un sueño más profundo, eligiendo para ello las áreas más óptimas: por lo que he visto, para dormir se prefieren las áreas al aire libre, de preferencia con vegetación y a ras de suelo (incluso en época de lluvias leves), de modo que las áreas verdes de los parques son las más empleadas para este propósito; en época de lluvias son los pórticos de los distintos negocios los que sirven como protección de quienes se quedan a dormir en las inmediaciones de la Roma Norte.

Así pues: mientras unos nos dirigimos a nuestros quehaceres pequeñoburgueses, otros se entregan a los bazos de Morfeo.

Y a la par se abren diversos establecimientos de comida que se preparan para recibir a sus clientes: en su mayoría, personas dispuestas a pagar por desayunos que oscilan los $150 y $200. Y no obstante hay otro tipo de ofertas, para los transeúntes que buscan alternativas más económicas: para entonces, en las intersecciones de las principales avenidas se han instalado, particularmente cerca de las unidades médicas que hay en la zona[6], diversos puestos de alimentos (tortas, tacos de canasta, tamales) y bebidas calientes (especialmente café), cuyos precios, en ningún caso, rebasa los $50 pesos por unidad. Ante esta situación de flujo económico responden de diversas maneras algunas de las personas que hasta entonces se encontraban durmiendo en la zona: es posible observar sujetos solitarios que abordan a quienes están rompiendo el ayuno, ya sea para pedirles “un apoyo” o para pedir “que les inviten un taco”; este abordaje es notorio, pues no hacen lo mismo con quienes van caminando o con los colonos que salen a pasear a sus mascotas o hacer un poco de ejercicio: solo se aborda a los que están comiendo, ya en establecimientos en forma o en puestos ambulantes, pues son los que dan muestra de tener el recurso que interesa a quienes ejercen la acción: dinero o comida.

Pero eso no es todo. Conforme el día avanza, cerca del mediodía, llegan a la zona personas que no pernoctaron aquí, pero que, al parecer, reconocen las posibilidades que se ofrecen a quien sabe aprovecharla: además de personas que mendigan comida o dinero, llegan a los restaurantes (ya no precisamente a los puestos callejeros) varios tipos de comerciantes ambulantes que ofrecen dulces, cigarros, artículos decorativos, artesanías e incluso prendas de vestir y/o libros, entre otros artículos. También aparecen quienes ofrecen servicios de boleado a los altos ejecutivos que frecuentan restaurantes como La Docena o el Gardela(conocidos por sus altas cuotas), pero que no suelen acercarse a establecimientos como cafés u hoteles.

Esta dinámica se reproduce a lo largo del día: la persona que frecuenta un establecimiento para a pedir apoyo de los clientes o a vender algo tiene identificados sus lugares predilectos, que visita con cierta regularidad a lo largo del día, todos los días, sin que a los locatarios parezca incomodarles; muchos de estos lugares están ubicados en las avenidas principales y tienen mesas al aire libre (sobre todo a raíz de las medidas implementadas a causa de la pandemia de COVID-19).

Pasado el mediodía es notorio el aumento de grupos de turistas que van y vienen por las calles, así como de personas que han terminado sus labores y que regresan a sus hogares o se trasladan a otros espacios de recreación o de trabajo. También es notorio el aumento de personas que ya no se limitan a pedir o vender en los establecimientos, sino que ahora están dispuestas a increpar a cualquier transeúnte que se cruce en su camino y que se muestre como una fuente potencial de recursos (precisamente turistas nacionales y/o extranjeros, y personas con trabajos administrativos). Entre las técnicas que aquí se emplean destacan aquellas que involucran a los más jóvenes (infantes, habría que decirlo), ya sea usándolos para conmover a los interlocutores o mandándolos por delante para que sean ellos quienes hagan la petición o la venta.

Al acercarse el atardecer se suman a las personas dispuestas a aprovechar el flujo de recursos de la zona diversos músicos de variados géneros musicales. Su caso es bastante particular, pues, aunque también tienen sus lugares predilectos para desplazarse, no es común que toquen más de una vez al día en un mismo establecimiento: en su mayoría tienen bien definida la ruta que van a seguir, pues esta es solo una zona de las varias que visitan: a diferencia de los vendedores ambulantes o de las personas que piden dinero o comida en las calles que por aquí se pasean sin abandonar la zona sino hasta que se retiran a descansar, los músicos pasan por aquí en ciertos horarios como parte de un peregrinar más amplio, que abarca otras colonias de la región. Con esto no digo que los vendedores o quienes mendigan aquí no abandonen esta colonia; más bien señalo que muestran cierta predilección por la cantidad y el tipo de recursos disponibles.

A partir de las 6:00 p. m., y hasta entrada la 01:00 a. m., esta colonia se muestra en su punto más activo, pues clientes van, clientes vienen, ya no buscando desayunos u ofertas gastronómicas; ya no resolviendo asuntos burocráticos o laborales, sino buscando espacios para tomar un trago, deleitar los sentidos en algún concierto o para encontrarse con algunas amistades, pero siempre trayendo y llevando recursos, mismos que todo el tiempo representan una oportunidad para los sujetos que en esta colonia pasan su día a día.

Poco a poco los clientes se marchan, llevándose con ellos sus recursos, y los locales cierran sus cortinas. Los trabajadores se van. El transporte público deja de dar servicio. Las calles vuelven a quedar desiertas, salvo por la presencia casual del familiar de algún enfermo internado de los hospitales de la zona, o por presencia, más bien permanente pero siempre en movimiento, de aquellos que se quedan a dormir debajo de una banca iluminada por los faroles de las principales avenidas, o entre los arbustos de los parques y las jardineras principales de la zona, o cerca de los diferentes edificios públicos que les brindan cobijo durante la madrugada, quizá cubiertos con algunas chamarras o algunas cobijas, que al amanecer podrán ocultar por ahí mismo para usarlas más tarde si es necesario.

Evidentemente, resulta necesario matizar más la descripción que hasta aquí se ha hecho, pero dada la extensión de este texto, dejo aquí la aproximación etnográfica, no sin reconocer que las cosas son más complejas de lo que aquí se ha dicho, como seguramente lo revelará el análisis final de los casos concretos registrados en mi Diario de Campo y en la herramienta Open Data Kit Collector.

Y no obstante ya es posible identificar la presencia de ciertas estrategias mentales, métodos y técnicas, empleadas en la consecución de recursos, por parte de las personas que en esta zona desarrollan buena parte de su vida: personas en situación de mendicidad, vendedores ambulantes, artistas callejeros y prestadores de servicios; estrategias que recuerdan a las que caracterizan a los grupos cazadores-recolectores: movilidad; restricción de posesiones materiales, y restricción en la magnitud del grupo (Arce Ruiz, 2005).

Sirva esto como ensayo de lo que pudiera dar pie a una investigación más amplia del modo de vida de quienes viven en la colonia Roma Norte.

Bibliografía

Arce Ruiz, Ó. (2005). Cazadores y recolectores. Una aproximaión teórica. Gaceta de Antropología(21), 1-9.

Valdés, R. (1977). Los cazadores. En R. Valdés, Las artes de la subsistencia: Una aproxiación tecnológica y ecológica al estudio de las sociedad primitiva (págs. 11-59). La Coruña: Adara.


[1] Ante el uso de este vocablo vale la pena hacer una aclaración fundante, que tomará fuerza conforme se avance en el cuerpo de este documento de trabajo. Al hablar de “cacería” no nos referimos precisamente al acto de dar muerte a un animal para consumir su carne, sino a la lógica que subyace a esta estrategia mental: antes del “disparo” (en sentido literal o figurado), suele existir un sondeo del terreno y un reconocimiento de este, así como se suele tener cierto conocimiento de las costumbres de la presa y del coto de caza en general. En ese sentido, podemos estar de acuerdo con R. Valdés (1977), quien sostiene que lo que define a un grupo como cazador-recolector no es la dieta, sino el tipo de actividad que se realiza.  

[2] Encontramos la geolocalización de la observación, una descripción in situ de la situación, un registro fotográfico y las impresiones del observador, además de la fecha y la hora de la observación.

[3] Desde hace cinco años radico en el #31 de la avenida principal de esta colonia: Álvaro Obregón, y a lo largo de estos años he tenido la oportunidad de interactuar directa e indirectamente con los sujetos de que aquí se habla, al punto de que conozco a casi todas las personas en situación de calle de por aquí (al menos de vista), e identifico a los músicos y vendedores recurrentes de la zona. Por supuesto que también he podido interactuar con algunos locatarios, vecinos y visitantes esporádicos de la colonia.

[4] Los calificativos “muchos” y “buena” se emplean en oposición a la situación de otras áreas circunvecinas, como la colonia Doctores, en donde es posible encontrar más viviendas que negocios establecidos (los que hay son, más bien, negocios improvisados en casas), y en donde la infraestructura pública es poca o está descuidada (salvo por algunos parques, en dicha colonia casi todo terreno es propiedad privada). Eso también explica por qué se prefiere la colonia Roma Norte frente a otras.

[5] Otro lugar en donde no se conoce la quietud es la esquina de Álvaro Obregón e Insurgentes Norte, donde se encuentran establecidos cuatro puestos de comida (tacos y tortas) con servicio 24/7. Los establecimientos están instalados informalmente en un edificio que para 1935 fungía como hospital de enfermos de tifoidea pero que fue incendiado y que ha permanecido inhabitado desde entonces. Actualmente se le conoce como “La Casa Negra” y es popular entre las personas que creen en fantasmas.

[6] Tal es el caso del Hospital Álvaro Obregón y del Hospital Ángeles.

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